Partido Humanista de Argentina

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Propuestas de acción política

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El Partido Humanista propugna el sostenimiento (o el logro, si es el caso) del régimen democrático como forma de transición de la democracia formal a la democracia real, en la que se garantice la real separación de poderes, el respeto a las minorías y la democracia directa.

Por otra parte, rechaza la violación de los derechos humanos, el empleo de la violencia como método de solución de conflictos y la concentración del poder.

Con respecto a la metodología de acción, el Humanismo se rige por la acción no-violenta.

Al mismo tiempo denuncia toda forma de violencia física, económica, racial, religiosa, sexual, psicológica y moral.

Aspiramos a una nación humana universal, en la que convergerá creativamente la enorme diversidad humana de etnias, lenguas y costumbres, de localidades, regiones y autonomías, de ideas y aspiraciones, de creencias, ateísmo y religiosidad.

Coherentemente con esta aspiración, el Partido se dota de una organización federativa mundial, que le permite articular posicionamientos y campañas de amplitud internacional, manteniendo la autonomía y creatividad en los distintos niveles de acción hasta llegar a la base social, donde arraiga.

Dentro de nuestras propuestas de ámbito mundial resaltamos por su urgencia la tarea de alertar, generar conciencia en toda la humanidad y reclamar el Desarme nuclear total, el retiro inmediato de las tropas invasoras de los territorios ocupados, la reducción progresiva y proporcional del armamento convencional, la firma de tratados de no agresión entre países y la renuncia de los gobiernos a utilizar las guerras como medio para resolver conflictos.

El Partido Humanista denuncia la catástrofe ecológica y a sus promotores, a saber: el gran capital y la cadena de industrias y empresas destructivas, parientes próximas del complejo militar-industrial.

Señalamos a la violencia económica, especialmente la debida a la concentración del capital financiero especulador, como causa del sufrimiento de los pueblos. En ese sentido propiciamos reformas impositivas que incentiven la distribución progresiva de la riqueza y nuevos modelos cooperativos de autogestión y cogestión que den coherencia a la relación capital – trabajo, aumentando la productividad y evitando la deriva de recursos al circuito especulativo. Por otro lado, la puesta en marcha de una banca pública exenta de interés, ayudará a la consecución de estos objetivos evitando la ilegítima concentración de recursos y poder en manos de la banca actual.

Distintas formas de discriminación se imbrican con la explotación económica y adquieren carácter de violencia. El Partido destaca la violencia que se ejerce puntualmente contra las mujeres y los jóvenes, históricamente discriminados, junto a la que se ejerce sobre otros grupos humanos excluidos por razones económicas, raciales, culturales o religiosas.

Propugnamos la descentralización del poder político hasta la base social, extremando garantías de respeto a las minorías y efectivizando el principio de igualdad de derechos y oportunidades para todos.

El acceso universal a la Educación a todos los niveles y a la Salud, gratuitas y de calidad, son prioridades del Partido.

El Partido sostiene el principio de opción como expresión política concreta de la libertad y, por tanto, lucha contra toda forma de autoritarismo y monopolio económico, organizativo e ideológico.

Consideramos que toda política coherente debe asumir dos condiciones básicas:

  1. Renovación permanente de las instituciones jurídicas y políticas, basada en la idea de superación de lo viejo por lo nuevo, y
  2. Transparencia de los procedimientos políticos usados.

 

 
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Imágenes del PH


Novedad

A continuación compartimos los “ Hidrocarburos, un enclave colonial de los 90” del economista humanista, autor del libro “Mas allá del Capitalismo. Economía Mixta” y miembro de la Federación Mundial de Partidos Humanistas, Guillermo Sullings:

En las últimas semanas el gobierno argentino ha ido avanzando en sus cuestionamientos a la falta de inversiones de la concesionaria Repsol-YPF, al punto de que en provincias como Chubut y Santa Cruz se le están retirando las concesiones.  Tales medidas aún no son significativas en magnitud, ya que representan solamente el 3,8 % de las explotaciones de esta concesionaria, que a su vez solamente tiene el 32 % de las explotaciones petroleras en el país (más el 23 % de las explotaciones de gas). Pero esperamos que sea el comienzo de un cambio en la política en el sector, para llegar a las transformaciones que debieron haberse iniciado hace varios años.

Los humanistas siempre sostuvimos que los hidrocarburos, como recurso estratégico no renovable, deben estar en manos del Estado, no solamente para asegurar el abastecimiento interno y para que la renta del sector quede para los argentinos, sino también para poder manejar una estrategia de largo plazo, atendiendo al nivel de reservas. Y desde 1991 hasta la fecha en Argentina se ha venido haciendo todo lo contrario; se privilegió la privatización del sector, con contratos leoninos para las empresas privadas y extranjeras, que se han dedicado solamente a extraer sin invertir, exportando buena parte de nuestras reservas, y quedándose con una renta extraordinaria que en su mayor parte fue girada al exterior.

Como resultado de esta expoliación tolerada, hoy la situación ya es de emergencia. En un país con total dependencia del suministro energético de hidrocarburos (más del 90 % del consumo energético en Argentina es de petróleo y gas), se ha permitido que las concesionarias exporten nuestros recursos, al punto de que hoy las reservas conocidas apenas alcanzan para 5 años más. Entre 1990 y 2010 se exportó petróleo por 36.000 millones de dólares, en un volumen que a valores de hoy le costarán a nuestro país 114.000 millones importarlos (lo que ya empezó a ocurrir). Si a eso le agregamos que los ingresos del Estado han representado solamente el 36 % de la renta, y el resto fue ganancia para las empresas, no cabe duda que la lógica de los 90, se mantuvo intacta en este sector.

La razón fundamental por la que las reservas disponibles han mermado tanto, es la combinación entre el incremento del consumo interno (20 % anual, por el crecimiento económico), la libre exportación,  y la falta de inversión en nuevos pozos. Pero no podemos abstraernos del problema de fondo, que es la finitud de estos recursos a nivel mundial; si bien los cálculos no pueden ser exactos, la mayor parte de los expertos coincide en que a partir del 2007 la relación entre el consumo anual y el hallazgo de nuevos yacimientos, comenzó a hacerse negativa, es decir, que las reservas empezaron a disminuir a nivel mundial. Es por ello que desde hace años las potencias han empezado a posicionarse en los territorios que más reservas poseen, ya sea a través de invasiones militares, o ya sea consiguiendo concesiones para sus empresas.  Esta situación es la que ha llevado los precios del petróleo a los niveles en que hoy está, tendencia que se acrecentará a futuro.