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| 30/09/2009 | NACIONAL
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Terrabusi: ¿dónde está la violencia realmente?
de Revista Batahola |
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No más represión!!
Con carga de infantería, perros, balas de goma, la policía bonaerense descargó una violenta represión desde adentro y desde afuera de la fábrica de Kraft Foods (grupo económico que en su momento compró a Terrabusi). ¿A quiénes reprimieron? A trabajadores despedidos, familiares y organizaciones que estaban dando apoyo. ¿Qué reprimen? El deseo y el derecho de cientos de familias a seguir trabajando dignamente.

La brutal represión a los trabajadores de Kraft-Terrabusi vuelve a traer la discusión sobre la violencia institucional del sistema y las diversas "formas" de protesta. Tal como decía un trabajador de Kraft: a nadie le gusta tener que cortar una ruta; antes que esto hemos hecho Festivales, actividades culturales, pero nunca tuvimos visibilidad; nadie nunca se hizo eco de nuestro reclamo. Los grandes medios decían que no podían publicar nada de lo nuestro porque perdían las pautas comerciales de la empresa Kraft (que publicita alfajores, galletitas por radio y TV).
"En vez de solidarizarse con nosotros, priorizan la guita que le tiran estos consorcios extranjeros. Y ahora, porque cortamos las rutas, criminalizan nuestra protesta. Pero nada dijeron el año pasado cuando los empresarios del campo hicieron lo mismo... nadie los criminalizó a ellos, porque es gente "bien", "decente"... nosotros, que realmente queremos seguir trabajando, tenemos que bancarnos los palos de la policía y ahora también la humillación a la que nos someten los grandes medios... ¿cómo le explico a mi hijo que no soy un delincuente?"
No es correcto, ni viable, ni creíble suponer -como lo hacen algunos- que la defensa del derecho constitucional al trabajo y la evitación de su pérdida, sabiendo lo que esto significa para familias que dependen del salario para vivir, pueden ser objeto de solución sólo por vía "cultural", judicial, u objeto de discusión sobre cuál autoridad jurisdiccional debería hacerse cargo.
El Estado debe intervenir protegiendo los derechos constitucionales y garantizando el derecho tanto a la protesta como a la obtención de soluciones justas, tutelando especialmente a la parte más débil de un conflicto. Caso contrario, se favorecerá -por acción o por omisión- la gravitación de la lógica brutal del más fuerte.
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